Ricci, sabores del mañana en un edificio del ayer E-mail
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Jueves, 04 de Setiembre de 2008

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En 1927 se inauguraba en la esquina de Miñones y Joaquín Núñez el "Hotelito Juan Ricci", en un despoblado Punta Carretas, que en esos tiempos era un balneario agreste, y con mucha vegetación. Ochenta años más tarde, el edificio reabre sus puertas como Restaurante Ricci, donde se respira historia, y se percibe lo que sucede en la cocina: buenas ideas, decoración y materias primas por excelencia. Mirá lo que el pasado y el futuro pueden ofrecer.


Ricci llega a albergar a 70 comensales entre los diferentes ambientes. Uno de ellos es la cava, que con paredes de piedra, mezcla de rústico y moderno, y la temperatura ideal para el cuidado de los caldos, es el preferido para los que quieren disfrutar de una comida íntima. Allí puede vivenciarse de qué forma descansan las 140 etiquetas de vinos de 14 bodegas uruguayas, más otras chilenas y argentinas, siempre prontas a ser destapadas para el disfrute de los visitantes.
 
El salón de la planta baja tiene una cara totalmente diferente, altos ventanales con rejas de antaño que durante el día lo llenan de luz, y columnas de aquella época. Afuera, en el deck, ya puede palpitarse la primavera que se avecina.
 
Los vitraux de escudos familiares son otro claro ejemplo de la vida pasada de la casa, y combinan de forma armónica con la puesta del restaurante. Se puede disfrutar de ellos en la planta alta, que es ideal para realizar eventos, o simplemente para relajarse en los livings que se encuentran dispersos entre las mesas.
 
Fue hace un mes que el Chef Edgardo Martínez renovó la carta. Recién vuelto de París, donde se capacitó en Le Cordon Bleu, trajo toda la influencia Francesa-Mediterránea para cambiar la cara al menú, buscando bajar los precios y aumentar la calidad. "Armé una carta con buen equilibrio pero manejable, para asegurarme la calidad de todos los productos", nos contó. Poniendo esmero en la presentación, bien al estilo francés, y utilizando combinaciones fuera de lo normal, que van de la mano de mucha técnica gastronómica, sorprende a los comensales cuando el plato llega a la mesa.
 
Mientras miramos la carta, los humeantes panes saborizados salen recién hechos de la cocina, deseosos de ser untados por el paté que los acompaña. A la hora de pedir una entrada en Ricci, el carpaccio de ciervo con mango, mezclum con vinagreta de frambuesa y lima, y escamas de reggianito es la estrella sin lugar a dudas. Pero pelea ese lugar con la ensalada tibia de vieiras y langostinos al limoncello con mezclum y vinagreta de menta, de modo que haya formas de comenzar la velada para todos los gustos.
 
Cuando llega el momento de los platos principales es la magret en salsa de amaretto la que los comensales suelen ordenar, más que por amor al pato, por intriga ante tantos sabores juntos en un mismo plato. Viene acompañada de una pera especiada y ensalada de tomates cherry, hojas baby y aceite de eucaliptos. Claro que no falta el lomo entre las opciones, pero vamos a seguir destacando al estofado de conejo en su propia reducción aromática, con salsa de hierbas, azafrán, cognac y crema, con papines, zanahorias y champignones para acompañamiento.
 
Son todos platos para disfrutar, y qué mejor forma de cerrar la comida con un postre como la marquise con helado de sésamo y salsa de coco, o bien, la tarta de nuez y miel con helado de canela y sabayón al jengibre.
 
El público del restaurante, que tiene por lo general de 30 años para arriba, disfruta de la tranquilidad del lugar, con bossa sonando de fondo y saboreando desde que entran por las antiguas puertas, lo que vendrá desde la cocina.
 
Con una amplia carta de bebidas y variedades de whiskys importados, licores y cognacs, Ricci invita a que si no hay tiempo o hambre, pasemos a tomar un trago y disfrutemos del buen servicio que el personal joven brinda. También para quienes frecuentan, en la cava cuentan con guarda botellas de vino personal. Para aquellos que no se toman toda la botella, la misma se guarda dentro de la cava, con vacum para sacar el oxígeno, evitando que el contenido se oxide, y manteniendo la calidad del mismo hasta que volvamos para seguir bebiéndola.
 
Ricci ofrece almuerzos ejecutivos, con tres opciones de entradas, platos principales y postres por $290. Esto incluye también una copa de vino, y agua o refresco. Todas las opciones, respetan la calidad de los productos. También se puede comer a la carta desde $600, sin incluir la bebida.
 
Abre sus puertas todos los días durante el almuerzo y la cena, y cuenta con servicio de Wi-Fi. Por reservas o consultas llamar al 712 0030.

Para conocer la ubicación de Ricci en Google Maps, hacé click acá

 

 
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Abreboca

"No te comas un salame rápido, mataron al chancho, un tipo lo embutió, lo colgó cuatro meses, y lo cuidó para que no le entre humedad, ¡y vos te lo zampás en diez minutos para que se te tapen las venas!"

 

-Chef Narda Lepes

Piques

Hacer una vinagreta en un recipiente aparte no cuesta nada y abre el juego a nuevos sabores:
3 partes de aceite por 1 de aceto, vinagre o limón, sal, pimienta, una cucharada de mostaza y otra de miel. Ponele curry, ajo picado y semillas y convertí tu ensalada en una delicia. Se puede preparar más cantidad y conservar en la heladera para aderesar futuros platos, o como dip para comer con pancitos.

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